Verso 1
Caminé sin rumbo al caer el sol
entre helechos húmedos y una vieja señal
el viento se hizo canto, la hiedra se movió
y en un claro de lunares ella estaba al despertar
Verso 1 — cont.
Sus cabellos de rocío, sus pies sobre el musgo gris
me miró sin decir nada, me ofreció un jazmín
bailamos sin tocarnos, con la luna sobre mí
la ninfa del bosque me enseñó a sentir
Estribillo
Y sentí la savia correr como volcán
cada árbol fue testigo de mi sed de paz
pero no sabía que en la sombra alguien más
vigilaba el río, el roble, el agua y el azar
Verso 2
Entonces un crujido detuvo nuestro aro
no era bestia ni rama rota por el viento
era un duende pequeño, de ojos de estaño
con bastón de raíz vieja y voz de aguacero
Verso 2 — cont.
Ninfa —dijo— no lo lleves más allá del claro
los humanos queman todo lo que juran cuidar
ella soltó mi mano, y el duende señaló un lagarto
que bebía en el arroyo de un manantial sin mal
Estribillo
Y sentí la culpa antes del error
él protege el río de mi propio ardor
el duende me miró —no con rencor—
con el peso de los siglos y una rama de albor
Puente
Forastero —dice el duende— puedes quedarte un día
pero olvida que la ninfa calmará tu sed de herida
el bosque no es refugio para el que busca olvido
sino espejo donde el hombre aprende a ver su olvido
Puente — cont.
La ninfa entonces canta una canción sin pueblo
y el eco de los chopos se vuelve crudo y bello
yo supe que ese encuentro no era para siempre
era un parto de raíces entre el tiempo y el silencio
Estribillo Final
Y sentí la tierra abrirse en mi interior
ninfa y duende juntos me enseñaron su dolor
no se puede amar un árbol si se teme al calor
ni cruzar el río si se odia el verdor
Outro
Ahora llevo una bellota en el bolsillo del pantalón
y sé que el duende me vigila cuando toco una canción
Outro — cont.
La ninfa del bosque aún me habla cuando el humo de la ciudad
no puede contra el recuerdo de su abrazo vegetal.